Mi Novia y Yo

Hace unos años, mi novia y yo habiamos comprado una casa aunque no viviamos en ella.

Una tarde llegamos a la casa y como no teniamos muchas cosas más que un sofa y una mesa nos sentamos a platicar. Al poco tiempo nos quedamos dormidos. al despertar, ella estaba cachonda y me agarró el pene con una mano. Casi de inmediato se puso duro y a ella le exitó. Se quitó el pantalon ajustado que llevaba puesto y se quedó con una tanga blanca bien rica que resaltaba su piel blanca y suave. luego se quitó la blusa y el sosten y dejó sus pechos al descubierto. Cuando le toqué la vagina, estaba completamente mojada que hasta había humedecido la tanga.

Se la quité y me quité la ropa. Nos acariciamos y nos besamos con pasión. Ella frotaba su cuerpo contra mi pene y me decía que quería que la penetrara. Se volteó y dejó su trasero suave y redondo hacia mí. Yo la abracé y estando acostados sobre el sofá, levanté una de sus piernas y acerqué mi pene a su vagina. Ella estaba completamente mojada. Mi pene se deslizó suavemente y al principio fue difícil porque aun cuando estaba exitada y muy lubricada, estaba muy apretada.

La penetré por la vagina y comenzamos a movernos muy ritmicamente. Ella gemía y se agarraba con fuerza del sofá con sus uñas. le había metido todo mi pene y la penetraba con fuerza y rapidéz, ambos jadeabamos de la exitación. Volteamos hacia la puerta trasera y en lo alto, a lo lejos, quizas a dos casas de distancia alguien nos observaba desde su azotea. Era una pareja de aproximadamente 35 años que nos observaba mientras hacíamos el amor. Por un instante pensamos detenernos pero a mi novia le exito el hecho que nos vieran y tumbo su trasero aun más para que la penetrara mas profundo. Levanto aun mas la pierna y dejó entrever su entrepierna. Yo no podía verla pero las personas podian ver su vagina mientras era penetrada.

Despues de hacer el amor por un rato ella comenzó a respirar mas rapido y me dijo "asi, asi, asi... sigue asi que me vengo". Dijo eso y enseguida tuvo un orgasmo espectacular. Los musculos de su vagina se contraian y apretaban mi pene; era como si me apretara con su mano. No resisti y descargue toda mi leche dentro de su vagina. Luego cuando saque mi pene, mi leche se salía de la vagina junto con sus jugos. Los vecinos pretendieron disimular y se quitaron de la vista para no incomodar mientras mi novia estaba desnuda y buscaba su ropa para no mostrar su cuerpo. Fue una experiencia unica.

Espero les haya gustado. Aun tengo mas historias y mas calientes.

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Calzoncitos

Soy un voyeur confeso, les contare lo que paso el ultimo jueves a última hora de la noche. Conduje a una de las muchas calles de prostitutas baratas de mi gris ciudad. Allí son todas drogadictas, por lo que no son muy aconsejables. Siempre me ha gustado pasar y observarlas, en sus ropitas apretadas, incluso si tengo suerte puedo ver a una con algunos meses de embarazo, esa si me calientan hasta más no poder. Parecía que hoy no había ninguna, al final aprecio una, siempre cuando encuentras a una sola te parece la más hermosa de todas. Ese día estaba más caliente de lo normal.

Esta pequeña meretriz era delgadita, morena y con una pinta de drogadicta única, al pasar me gritó que parara, pero continúe hacia adelante, pero al final de la calle decidí girar, fui despacio y cuando estuve a su lado me detuve. Baje la ventanilla y ella dijo:

Hola, ¿quieres coger?

¿Qué me ofreces? – respondí

Por diez soles te hago una mamada, y por 30 cogemos. ¿Te apetece?

Sube y lo conversamos.

En ese momento yo ya no pensaba con mi cabeza sino con mi miembro. Era él quien había pedido entrar a esa chica al coche, a mi me parecía arriesgado, pero mi verga era quien manaba a hora.

¿Entonces te animas? – insistía.
Te doy veinte soles por dejarme tocarte, y otros diez porque me regales tus calzoncitos.
Llevo tanga – me respondió.
No me importa. Lo quiero para mí.

Por diez más te doy mi sostén también

Me quedo la tanga, gracias – le conteste

Conduje mi auto a un lugar apartado, allí le baje los pantalones y mis dedos juguetearon con su tanga, con sus bordes, con sus labios con su vagina calientita. Ella se dejaba hacer todo, no creo que gozara, es mas creo que simplemente no pensaba en nada, de vez en cuando dotaba un gemido pero así como automático. Yo trataba de hacer humedecer su vagina, para poder chupar y oler mis dedos y llevarme el aroma de recuerdo. Una vez chupados mis dedos hice que ella me los chupara también para sentir mi aroma. Me baje la bragueta saque mi verga y le pedí que me la mamara, ella encantada accedió. Lo hacía muy bien, le ponía ganas y mi verga dura lo agradecía. Yo buscaba sus tetas, no eran grandes pero estaban duritas, al final terminamos masturbándonos el uno al otro. Lo que pensé que sería una tontera acabo como un gran momento.

Después le pedí que se bajara del coche, pero ella me pidió que la llevara a donde la recogí, así que la lleve. Una vez bajada del coche se quito la tanga, la beso y me la entrego. Me aleje y volví a mirar mi recuerdo y lo olí y sonreí. Esa será la primer aprenda de una gran colección, eso espero al menos.

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Amor Filial- Parte IV

Tras unos minutos sin dejar de follarla, noté unos perfectamente perceptibles espasmos en la vagina de mi madre, al mismo tiempo que sus alaridos no dejaban lugar a dudas sobre lo que le estaba sucediendo, se estaba corriendo en un enorme orgasmo, y por fin pude dejar que mi cuerpo respondiera a tanta excitación, vertiendo mi leche en su ya húmeda vagina.

Por supuesto que no conté esta experiencia a mi esposa, se trataba de un tabú demasiado grande, por mucho que ella misma hubiera follado con su suegro. No obstante me las arreglé para cumplir con mi parte del trato, que mi padre pudiera volver a cogerla.
Ella se negaba a hablar del tema, pero yo encontraba la forma para disimuladamente dejarlos a solas. Al principio nada, pero tras unos meses mi padre terminó por conseguir cogérsela y contármelo después.

Aquellos encuentros se repetían regularmente y mi padre me contaba inmediatamente después los detalles más escabrosos, incluso delante de mi madre que después intentaba practicar conmigo cualquier postura descrita por él. Sin comprender como, mi padre llegó a inculcar en Sara el mismo carácter sumiso que había logrado en mi madre, y me sorprendió una tarde contándome que horas antes se había presentado en mi casa con un amigo de su edad y no le había costado convencerla para que se lo cogiese al igual que a él.

Tarde o temprano aquellos secretos tenían que trascender, y hace pocas semanas, durante una cena familiar entre los cuatro en nuestra casa, mi padre se confió demasiado y aprovechó para sobar en la cocina a mi esposa, sin percatarse que mi madre y yo entramos en aquellos momentos allí con platos en las manos. Cuando mi mujer se dio cuenta casi se muere del susto, pensando que mi madre iba a montar en cólera, o incluso yo mismo, ya que en teoría desconocía que continuaba follando con mi padre.

Mi madre intentó tranquilizarla "confesando" que lo sabía todo, cosa que la alteró aún más.
Decidimos aclararlo todo tras sentarla de nuevo en el salón, con el consiguiente riesgo de que la confesión incestuosa entre mi madre y yo, fuera demasiado fuerte para ella. Mi mujer con los ojos abiertos como platos, ni siquiera aparentaba poder comprender o asimilar semejante relación entre nosotros, ni mi conocimiento de sus "infidelidades".
Mi madre fue la que decidió sacar todas las cartas a relucir, y tras levantarse se desabrochó el vestido hasta dejarlo caer al suelo quedando en ropa interior frente a nosotros.

- Mi marido goza con mi cuerpo y con el tuyo, mi hijo también, yo no puedo negar lo mucho que disfruto con ambos… ¿y tú?, ¿puedes negarlo?, si disfrutamos los cuatro ¿Dónde está el problema?, es más…… tantas veces me ha contado mi marido como te coge que me gustaría verlo. Mi esposa tras unos segundos reflexionando y sobre todo ante la mirada que la convertía en sumisa de mi padre, pareció aclimatarse a esa nueva situación.
Se dejó hacer cuando mi padre comenzó a sobarla en nuestra presencia, mientras mi madre y yo hacíamos lo mismo. Perdió pronto el tabú observando con atención las caricias y besos que nos prodigábamos mi madre y yo, aparentando excitarse con ello.

- Que pendejo que eres, tu madre tiene las tetas mucho más grandes que las mías, ¡como disfrutas sobándoselas!
- Ja, ja, ja, ¡si quieres te dejo que se las sobes tú!

Mi padre y yo pudimos asistir a aquel espectáculo sumamente excitante. Mi madre y su nuera acariciándose ambas en ropa interior los pechos hasta llegar a la erección. Se profirieron varias caricias llegando a besarse en los labios tiernamente.

Sin embargo estaban más interesadas en su ración de verga que en otra cosa, y poco después mi padre se encontraba ya cogiendo a Sara a pocos centímetros de nosotros.
Mi mujer alucinó cuando comenzó a escuchar los gemidos de placer de mi madre y observar como efectivamente era yo quien la penetraba.

- Si no lo veo no lo creo, ¡te estás cogiendo a tu madre!
- ¡Y tu a tu suegro, que por edad podría ser tu padre!

Los cuatro cogimos como posesos, intercambiado posturas y mujeres, y unas veces me encontraba penetrando a mi mujer con la verga húmeda con los jugos de mi madre, y poco después la cogía a ella con los fluidos de su nuera. Las muy perras aparentaban estar concursando por ser la primera en lograr que se corriera su pareja, gimiendo y contorsionándose como locas. En unos minutos una vorágine de placer retumbó por las paredes del salón, ya que uno a uno fuimos corriéndonos, fluyendo semen por todos lados sin saber muy bien en qué vagina se había corrido cada uno. Desde entonces nuestra relación no puede ser mejor y disfrutamos del sexo sin ningún tipo de tabú, aunque por supuesto la única forma de comentarlo con alguien es mediante el anonimato que ofrece Internet.

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Amor Filial- Parte 3

No vayas a negarlo ahora, una mujer siempre sabe cuando la desean, y sobre todo…
Con la boca abierta tuve que seguir escuchando a mi padre.

- Tu madre al principio se asustó con eso, pero acabó dándole morbo el asunto, sobre todo ante mi insistencia, por supuesto nunca te dijimos nada, porque eras más joven, no sabíamos si se trataba de un simple "juego" y sobre todo…. desconocíamos lo morboso que eres, tanto como…para disfrutar viendo como me cogía a tu mujer.

Hablaba en plural, como si mi madre estuviera al tanto de lo sucedido, cosa que me desconcertó un poco más aún.

- Mamá sabe perfectamente cómo se sentía nuestra nuera, como si fuera una golfa y ha disfrutado mientras le comentaba los "detalles".

Mi padre no cesaba de hablar, aunque de todas formas no hubiera podido responderle, incapaz por completo de articular palabra, boquiabierto ante esa revelación de que mi madre conocía mis "juegos juveniles" con su lencería, y sobre todo la infidelidad de su marido con su propia nuera, y para colmo… no podía desviar la mirada de la pantalla del ordenador donde mi madre se mostraba semidesnuda y con un rostro que nunca hubiera imaginado en ella. Creí que el límite de mi sorpresa estaba más que superado y que ya nada podría causarme más estupor, pero mi padre se encargo de desengañarme.

-Ya somos mayorcitos y podemos hablar sin tabús, nada de lo que pase aquí va a cambiar nuestra relación de padre, madre a hijo, y solo tras comprobar tu reacción en el "incidente del hotel", "hemos" decidido darte la oportunidad para que hagas realidad tus mas inconfesables deseos con tu madre. Absorto no podía creer a sus palabras, y menos cuando usó el término "hemos", que daba entender que mi madre estaba de acuerdo.

- ¿Quieres que la llame?, no está de compras, espera en nuestro habitación tu respuesta.

Totalmente incrédulo, vi a mi padre dirigirse por el pasillo hasta su dormitorio, escuche voces y mi corazón amenazó salirse del pecho ya que efectivamente reconocí la voz de mi madre. Unos minutos después, todavía con el corazón en la garganta, apareció ella en la habitación donde me encontraba prácticamente temblando, en ropa interior y un sujetador que abarcaba con dificultad sus inmensos pechos.

-¡Mamá!, buenas tardes. Tartamudeé tontamente.
- Hola hijo mío, ya me conto tu padre que deseas “vengarte”
- ¿Vengarme?
- Si, él se ha gozado con tu mujer y tú…si lo deseas…. Puedes hacerlo con la suya -Dijo mirando de vez en cuando a mi padre como si de él partieran sus palabras.

Mi más prohibida fantasía estaba a mi alcance, mis ojos no se apartaban del voluptuoso cuerpo de mi madre, la cual aparentaba encontrarse en un inmenso estado de sumisión hacia los deseos de mi padre, es decir, podía verla colorada y avergonzada al límite, al mismo tiempo que la simple mirada de mi padre se tratara para ella de una orden que debía asumir sin ningún tipo de reclamo, incluyendo superar el tabú prohibido se ofrecerse abiertamente a su hijo medio desnuda.

Cualquiera que lea este relato puede creer que mi madre se trata de una mujer "liberal" o fácil, pero todo lo contrario, no recordaba haberla visto nunca ni en ropa interior, vestía siempre de manera más que formal y recatada, por lo que cualquiera de mis fantasías con ella solo se trataban de eso, no albergando la mas mínima esperanza de que se cumpliera realmente la más suave de las mismas. El tabú era inmenso, pero el morbo de aquella situación superó cualquier barrera. Me sorprendí tras bajarme los pantalones de lo sumamente excitado que estaba, no recordaba una erección tan fuerte como aquella, provocando una pequeña expresión de asombro en mi madre, y un pequeño ademán de intentar "huir" de aquella habitación, como si por fin hubiera comprendido lo cerca que estaba de consumar el incesto con su propio hijo, pero de nuevo una simple mirada de mi padre la convirtió en el ser mas sumiso que pudiera imaginarse. Terriblemente excitado me abracé a ella frotando mi erección sobre sus bragas, las mismas que anteriormente me había tenido que contentar con acariciar fantaseando con que habían estado en contacto con su cuerpo. Sentí sus enormes pechos sobre el mío, y acaricié aquel grande trasero que tanto había soñado sobar. Poco a poco, su sumisión comenzó a tornarse en un deseo tan inmenso que ahuyentó de su mente cualquier recelo al tabú de saber a quien estaba entregando su cuerpo, y tras aceptar mis besos en su boca, sentí su lengua fundirse con la mía lascivamente, mientras su cuerpo libre de vergüenzas se restregaba con el mío como una gata en celo.

Sentí su vagina caliente en mi muslo traspasando la suave tela de sus bragas, y comprendí que no habría fuerza en el mundo que pudiera impedir que mi verga entrara allí. Sin dejar de abrazarnos y besarnos, nos las arreglamos para dirigirnos al dormitorio seguidos por mi padre. Nos revolcamos en la cama como animales fuera de sí, furiosamente. Mi padre se encontraba al borde del éxtasis, profiriendo toda clase de frases obscenas.

- ¡Qué bien te lo estas pasando con tu hijo!, ¡menos mal que no querías!, ¿te acuerdas cuantos chicos te he buscado para que te cojan?, ¡dile a tu hijo cuantos de sus amigos han pasado por esta cama y han disfrutado contigo como locos!

Loco de excitación, le pregunte por la veracidad de aquellas obscenidades vertidas por mi padre, y gimiendo de placer me confesó que él se había encargado de buscar chicos de mi edad y "obligarla" a coger con ellos fantaseando conmigo, incluso para hacerlo más creíble terminó buscando amigos míos, que desconociendo aquella fantasía disfrutaron del cuerpo de mi madre sin ningún tipo de vergüenza. No solo estaba sobando a mi madre notando como se me entregaba por completo, sino que aquella confesión sobre sus "aventurillas" sexuales con mis amigos, terminó volverme loco de excitación, ya nada en el mundo hubiera podido impedir mis deseos por penetrarla. Alcé mi torso para ver mejor la cara de mi madre mientras se la metía, comprobando que se derretía de placer a cada centímetro de verga que la penetraba. Sentí miedo de no poder soportar más tiempo sintiendo tanto placer y correrme antes de tiempo pero pude contenerme y cogerla rítmicamente sin dejar de mirar cómo su rostro se transfiguraba en muecas de placer infinito, mientras intentaba besarme al mismo tiempo que sus piernas se abrazaban sobre mis caderas. Para tardar más, cambié de postura y la puse a cuatro patas sobre la cama cogiéndola estilo perrito mientras sobaba sus inmensos pechos.

- Cógeme hijo mío, ¡no pares!, me matas, ahhhhhhh, ¡que aprenda tu padre a cogerme como tú!

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Amor Filial - Parte 2

A la mañana siguiente me desperté abrazado a mi esposa, que despertó poco después.
Ella aparentaba encontrarse sumamente nerviosa y avergonzada, y como si albergara deseara que lo sucedido aquella noche se tratara de un sueño, me dijo:

- Anoche……. Bebí demasiado……. No me acuerdo bien……..


Era ya de día y el sol entraba por las rendijas de las persianas dejando la habitación en penumbra, lo suficiente como para poder ver a mi padre durmiendo en una silla, con una sonrisa enorme, y seguramente soñando con algo excitante ya que se encontraba en erección.

- ¿Te acuerdas ahora? - le dije, señalando a la erección de su suegro - ¡esa verga esta tan "alegre" gracias a ti!
- ¡No!, ¡como pude dejarme llevar!, ¡no volveré a beber en mi vida!, ¡qué pensará mi suegro de mi!, ¡qué vergüenza!.....

Mi mujer no dejaba de lamentarse y avergonzarse, y yo apenas pude convencerla explicándole que aquello no cambiaba nada y que olvidara cualquier pensamiento negativo. Me alegré al comprobar que mi padre tras despertarse, fingió o bien no acordarse de nada, o darle la misma importancia que yo intentaba explicarle a ella. Solo pasadas unas semanas mi mujer aparentó haber olvidado el "incidente", actuando de forma normal sin ponerse colorada al cruzarse con mi padre. Yo estaba a punto de pensar que aquello solo se trataba de un hecho aislado producto del alcohol, y que incluso mi padre también se arrepentía, por mucho que yo me excitara solo de recordarlo.

Pero una tarde mi padre me llamó por teléfono para que le hiciera una visita a su casa.

Me presenté allí, sin saber que deseaba concretamente mi padre, y más cuando me dijo que mi madre había salido a hacer unas compras y tardaría mucho en volver. Mi padre no se cortó en absoluto en expresarme sus deseos, a pesar de que evidentemente ninguno de los dos teníamos la excusa del alcohol.

- ¡Qué bien lo pasamos la otra noche! - me dijo.
- Si papá, sobre todo tu, espero que lo recuerdes a pesar de la bebida.
- ¿Olvidarlo?, ¡aunque me hubiera bebido una piscina de cerveza no lo olvidaría!, ¡que morboso follarme a mi nuera!, ¡pero qué buena que está la jodida!, ¡no recuerdo haberme follado una vagina tan húmeda y caliente como la suya!

Continuamos charlando sobre las vergüenzas de mi esposa y sobre sus deseos de volver a repetirlo alguna vez ya que afirmaba encontrarse permanentemente en erección fantaseando con ella. De repente y como el que habla de cualquier otra cosa de lo más normal me dijo.

- Tu convéncela como sea, que saldrás ganando, te lo aseguro, yo también te puedo "ofrecer algo a cambio".
- A que te refieres papá. Dije sorprendido sin saber a qué se refería.
- Te conozco perfectamente y se tus gustos, te ofrezco la oportunidad de conseguir a una "madurita" que te da mucho morbo.

Me quedé estupefacto ya que realmente no tenía ni idea de a quién se refería, y ni siquiera pude preguntarle nada mientras mi mente indagaba sobre aquello. Mi padre trajo su laptop, y tras encenderlo me dijo que iba a enseñarme las fotos de la "madurita" en cuestión. Mientras se encendía el ordenador, intentaba descifrar mentalmente que clase de señoras conocía mi padre, o si engañaba a mi madre de tal forma como para tener fotos de estas para ofrecérselas a su hijo.

Por fin abrió en la primera de las fotos de una carpeta oculta.

Una señora de unos cincuenta y tantos años, de espaldas y en braguitas de un blanco inmaculado se ofrecía a mi vista, en seguida mi padre me preguntó.

- ¿Te gusta?
- Carajo, parece que está muy rica, ¿Quién es?, ¿alguna amante tuya?
- Si, amante si lo es, y no veas como coge, casi mejor que tu mujer…

Seguí observando fotos, siempre de espaldas y en posturas cada vez más comprometidas, hasta que me percaté que aquellas fotos estaban tomadas en su casa.

- Papá, ¿es que traes a tus amantes a casa?, ¡si te encuentra mamá te mata!
- Hijo mío, veo que eres estúpido o te haces, ¿no conoces esas bragas?

Observé la foto con detenimiento, ¿Por qué carajos debía conocer yo aquellas bragas blancas si por supuesto jamás había tenido ninguna aventura con alguna madurita?.

- Deberías acordarte perfectamente, más de una vez las has buscado en los cajones y…. ¡te has masturbado con ellas!, ¿piensas que no nos dábamos cuenta?

Empecé a comprenderlo……. No obstante no podía creerlo de ninguna manera pero mi padre terminó de confirmar mis sospechas al abrir la última foto.

¡¡¡¡¡¡¡Mi madre!!!!! Se trataba de la protagonista de las fotos que había estado mirando obscenamente, ahora de frente, podía ver su rostro mientras posaba en bragas, las cual reconocía perfectamente ya que siendo soltero y más joven, habitualmente usaba para masturbarme acariciándolas y correrme sobre las mismas, en una fantasía incestuosa de la que jamás habría hablado con nadie, y por supuesto un insuperable tabú para mí mismo.

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Amor Filial- Parte I

Me llamo Abraham, tengo 25 años y estoy casado, desde dos años, con Sara, una preciosa chica de 23. Esta historia comenzó en un lugar que prefiero no mencionar, cuando decidimos acompañar a mi padre a cerrar un negocio en el sur del país, de paso que realizaba turismo con mi mujer.

El ultimo día antes de regresar a la capital, donde vivíamos y después de que mi padre cerrara un contrato fuimos a beber unas copas al bar de hotel donde nos hospedábamos.
La conversación era muy amena hablamos de muchos temas, nada especial. Lo que comenzó como "unas copas" para celebrar, se alargó, provocando que los efectos del alcohol hicieran mella en los tres de forma considerable, y nuestras carcajadas resonaron por el restaurante de tal forma que decidimos ir a nuestra habitación, y evitar ser el centro de atención de los demás clientes del mismo. Una vez allí continuamos con "la fiesta", y sorprendentemente para mí, los comentarios de mi padre comenzaron a ser algo "picantes", contando chistes rojos, o bromeando sobre que iba a dormir "al lado de su nuera", ante los que mi mujer lejos de inhibirse con esos comentarios, con una seguridad influenciada por el alcohol, no solo los aceptaba sino que los alentaba con frases del tipo, "nunca he dormido con dos hombres, hoy va a ser la primera vez".

Para mí todo aquello era sorprendente, ya que mi padre jamás se había permitido bromear con mi mujer de aquella manera, y ella a su vez siempre se había comportado de la manera más correcta posible, y para mi mayor desconcierto aquella situación estaba empezando a excitarme. En especial cuando descubrí que mi mujer, sentada en la cama, se le había subido un poco el vestido, de tal forma que en algunas posturas mi padre podía verle perfectamente su ropa interior, y éste aprovechaba descaradamente para gozar de aquella vista. Lo peor es que yo, lejos de intentar cortar aquello, disfrutaba cada vez más con la situación, permitiéndome incluso bromear con ellos, diciéndole a mi mujer que de seguir así, mi padre se iba a calentar de tal forma que terminaría masturbándose. Mi mujer solo se reía a carcajadas y mi padre ya ni siquiera intentaba disimular el deseo por su nuera. Es más, Sara sumamente desinhibida y ajena todavía a ese deseo de mi padre, más aun sintiéndose protegida por mi presencia, no tuvo otra ocurrencia que demostrar lo "segura" que se sentía con él quitándose el vestido y quedarse en braguitas y sujetador, "¿Ves Abraham?, con mi suegro estoy tan segura como si estuviera frente a mi propio padre, ¡cómo se va a calentar conmigo!"

A pesar de lo mucho que yo hubiera bebido, sabía perfectamente cuan equivocada estaba mi mujer, ya que mi padre la devoraba con la mirada, dirigiendo los ojos a sus pechos y sobre todo a su tanga.

Yo cada vez más excitado, insistí con ello, y contesté:

- ¿Tan tranquila como si estuvieras frente a tu padre? espero que no estés tan equivocada con él como con tu suegro, ¡no ves que la tiene erecta!

Mi mujer negaba con la cabeza, no daba crédito a mis palabras, y mi padre mas excitado aun, intentó acabar con cualquier tipo de dudas, en especial al darse cuenta que lejos de enfadarme aquella situación me llamaba la atención, se bajó los pantalones mostrando a Sara la enorme erección que amenazaba con escapar de su bóxer. Mi mujer solo abrió los ojos sumamente sorprendida y de nuevo desinhibida por el alcohol terminó carcajeándose abiertamente.

En ese momento mi padre tan excitado como jamás hubiera pensado, decidió "lanzarse" antes de que los efectos del alcohol decayeran en intensidad en ella, y la abrazó de tal forma que sus manos terminaron acariciando su culo, al tiempo que la besaba en la boca.
Mi excitación llego al máximo observando cómo, tras la sorpresa inicial de mi mujer e incluso unos tímidos intentos por su parte para evitar aquel abrazo, mi esposa comenzaba a entregarse abiertamente a su propio suegro. Mi padre sumamente hábil, se las ingenio rápidamente para quitarle la lencería y poder sobarle su tierna y caliente piel, libre ya de cualquier tela por sutil que fuera. Observé cómo los pezones de Sara respondieron a aquellas caricias entrando en erección, al mismo tiempo que sus gemidos se entrelazaban con los de mi padre, que no cesaba de decirle al oído "¡qué buena que estas!, ¡qué suerte tiene mi hijo de poder cogerte cuando quiera!

Mas que tumbarse en la cama, cayeron sobre la misma abrazados y sobándose furtivamente. En mi presencia, se besaron lujuriosamente, mi padre recorrió no solo con las manos, sino ayudándose de la lengua, todo su cuerpo, lamiéndole sobre todo sus erguidos pezones, provocándole verdaderos espasmos de placer al llegar a su húmeda vagina. Pude ver perfectamente como apuntó su erecta verga a esa vagina que hasta ese momento solo había penetrado yo, y como mi mujer se abría de piernas deseando ser penetrada lo antes posible. A cada embestida de la verga de su suegro, mi mujer abría los ojos y soltaba un gemido de placer, mientras mi padre bramaba entre jadeos " ¡que ganas tenia de cogerte, que ganas!, ¡qué vaginita más rica tienes!, y barbaridades por el estilo cada vez mas obscenas.

Yo loco de excitación, me desnudé y comencé a masturbarme añadiendo a los comentarios de mi padre otros más obscenos aún.

- Cariño, ¿no decías que con tu suegro estabas tan tranquila como con tu padre?

Mi mujer apenas podía contestar, limitándose a gritar de placer y a arañar las espaldas de mi padre, el cual la cogía cada vez con más fuerza. Sara no pudo aguantar mucho tiempo tanto placer y se corrió como una golfa con los ojos en blanco, entre espasmos tan fuertes que parecían ser verdaderos calambres. Menos mal que ella tomaba píldoras anticonceptivas, ya que mi padre se corrió poco después inundándole la vagina llenándola de semen blanco y sumamente abundante, que pude ver brotar de su sexo cuando le sacó la verga aun erecta. Aproveché la semiinconsciencia de mi esposa para terminar de masturbarme y lanzarle mi corrida sobre sus pechos, salpicándole algunas gotas sobre su rostro inmensamente relajado y sonriente. Ella quedó profundamente dormida poco después con el mismo rostro angelical de una mujer que no ha roto un solo vaso en su vida.

Mi padre y yo antes de caer dormidos, tuvimos tiempo de platicar, expresándome él, lo muchísimo que había gozado cogiéndose a mi mujer, y que cada vez que cierre un negocio se acordaría de la vagina de su nuera. (Continuara…)

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