Amor Filial- Parte IV
Tras unos minutos sin dejar de follarla, noté unos perfectamente perceptibles espasmos en la vagina de mi madre, al mismo tiempo que sus alaridos no dejaban lugar a dudas sobre lo que le estaba sucediendo, se estaba corriendo en un enorme orgasmo, y por fin pude dejar que mi cuerpo respondiera a tanta excitación, vertiendo mi leche en su ya húmeda vagina.
Por supuesto que no conté esta experiencia a mi esposa, se trataba de un tabú demasiado grande, por mucho que ella misma hubiera follado con su suegro. No obstante me las arreglé para cumplir con mi parte del trato, que mi padre pudiera volver a cogerla.
Ella se negaba a hablar del tema, pero yo encontraba la forma para disimuladamente dejarlos a solas. Al principio nada, pero tras unos meses mi padre terminó por conseguir cogérsela y contármelo después.
Aquellos encuentros se repetían regularmente y mi padre me contaba inmediatamente después los detalles más escabrosos, incluso delante de mi madre que después intentaba practicar conmigo cualquier postura descrita por él. Sin comprender como, mi padre llegó a inculcar en Sara el mismo carácter sumiso que había logrado en mi madre, y me sorprendió una tarde contándome que horas antes se había presentado en mi casa con un amigo de su edad y no le había costado convencerla para que se lo cogiese al igual que a él.
Tarde o temprano aquellos secretos tenían que trascender, y hace pocas semanas, durante una cena familiar entre los cuatro en nuestra casa, mi padre se confió demasiado y aprovechó para sobar en la cocina a mi esposa, sin percatarse que mi madre y yo entramos en aquellos momentos allí con platos en las manos. Cuando mi mujer se dio cuenta casi se muere del susto, pensando que mi madre iba a montar en cólera, o incluso yo mismo, ya que en teoría desconocía que continuaba follando con mi padre.
Mi madre intentó tranquilizarla "confesando" que lo sabía todo, cosa que la alteró aún más.
Decidimos aclararlo todo tras sentarla de nuevo en el salón, con el consiguiente riesgo de que la confesión incestuosa entre mi madre y yo, fuera demasiado fuerte para ella. Mi mujer con los ojos abiertos como platos, ni siquiera aparentaba poder comprender o asimilar semejante relación entre nosotros, ni mi conocimiento de sus "infidelidades".
Mi madre fue la que decidió sacar todas las cartas a relucir, y tras levantarse se desabrochó el vestido hasta dejarlo caer al suelo quedando en ropa interior frente a nosotros.
- Mi marido goza con mi cuerpo y con el tuyo, mi hijo también, yo no puedo negar lo mucho que disfruto con ambos… ¿y tú?, ¿puedes negarlo?, si disfrutamos los cuatro ¿Dónde está el problema?, es más…… tantas veces me ha contado mi marido como te coge que me gustaría verlo. Mi esposa tras unos segundos reflexionando y sobre todo ante la mirada que la convertía en sumisa de mi padre, pareció aclimatarse a esa nueva situación.
Se dejó hacer cuando mi padre comenzó a sobarla en nuestra presencia, mientras mi madre y yo hacíamos lo mismo. Perdió pronto el tabú observando con atención las caricias y besos que nos prodigábamos mi madre y yo, aparentando excitarse con ello.
- Que pendejo que eres, tu madre tiene las tetas mucho más grandes que las mías, ¡como disfrutas sobándoselas!
- Ja, ja, ja, ¡si quieres te dejo que se las sobes tú!
Mi padre y yo pudimos asistir a aquel espectáculo sumamente excitante. Mi madre y su nuera acariciándose ambas en ropa interior los pechos hasta llegar a la erección. Se profirieron varias caricias llegando a besarse en los labios tiernamente.
Sin embargo estaban más interesadas en su ración de verga que en otra cosa, y poco después mi padre se encontraba ya cogiendo a Sara a pocos centímetros de nosotros.
Mi mujer alucinó cuando comenzó a escuchar los gemidos de placer de mi madre y observar como efectivamente era yo quien la penetraba.
- Si no lo veo no lo creo, ¡te estás cogiendo a tu madre!
- ¡Y tu a tu suegro, que por edad podría ser tu padre!
Los cuatro cogimos como posesos, intercambiado posturas y mujeres, y unas veces me encontraba penetrando a mi mujer con la verga húmeda con los jugos de mi madre, y poco después la cogía a ella con los fluidos de su nuera. Las muy perras aparentaban estar concursando por ser la primera en lograr que se corriera su pareja, gimiendo y contorsionándose como locas. En unos minutos una vorágine de placer retumbó por las paredes del salón, ya que uno a uno fuimos corriéndonos, fluyendo semen por todos lados sin saber muy bien en qué vagina se había corrido cada uno. Desde entonces nuestra relación no puede ser mejor y disfrutamos del sexo sin ningún tipo de tabú, aunque por supuesto la única forma de comentarlo con alguien es mediante el anonimato que ofrece Internet.
Por supuesto que no conté esta experiencia a mi esposa, se trataba de un tabú demasiado grande, por mucho que ella misma hubiera follado con su suegro. No obstante me las arreglé para cumplir con mi parte del trato, que mi padre pudiera volver a cogerla.
Ella se negaba a hablar del tema, pero yo encontraba la forma para disimuladamente dejarlos a solas. Al principio nada, pero tras unos meses mi padre terminó por conseguir cogérsela y contármelo después.
Aquellos encuentros se repetían regularmente y mi padre me contaba inmediatamente después los detalles más escabrosos, incluso delante de mi madre que después intentaba practicar conmigo cualquier postura descrita por él. Sin comprender como, mi padre llegó a inculcar en Sara el mismo carácter sumiso que había logrado en mi madre, y me sorprendió una tarde contándome que horas antes se había presentado en mi casa con un amigo de su edad y no le había costado convencerla para que se lo cogiese al igual que a él.
Tarde o temprano aquellos secretos tenían que trascender, y hace pocas semanas, durante una cena familiar entre los cuatro en nuestra casa, mi padre se confió demasiado y aprovechó para sobar en la cocina a mi esposa, sin percatarse que mi madre y yo entramos en aquellos momentos allí con platos en las manos. Cuando mi mujer se dio cuenta casi se muere del susto, pensando que mi madre iba a montar en cólera, o incluso yo mismo, ya que en teoría desconocía que continuaba follando con mi padre.
Mi madre intentó tranquilizarla "confesando" que lo sabía todo, cosa que la alteró aún más.
Decidimos aclararlo todo tras sentarla de nuevo en el salón, con el consiguiente riesgo de que la confesión incestuosa entre mi madre y yo, fuera demasiado fuerte para ella. Mi mujer con los ojos abiertos como platos, ni siquiera aparentaba poder comprender o asimilar semejante relación entre nosotros, ni mi conocimiento de sus "infidelidades".
Mi madre fue la que decidió sacar todas las cartas a relucir, y tras levantarse se desabrochó el vestido hasta dejarlo caer al suelo quedando en ropa interior frente a nosotros.
- Mi marido goza con mi cuerpo y con el tuyo, mi hijo también, yo no puedo negar lo mucho que disfruto con ambos… ¿y tú?, ¿puedes negarlo?, si disfrutamos los cuatro ¿Dónde está el problema?, es más…… tantas veces me ha contado mi marido como te coge que me gustaría verlo. Mi esposa tras unos segundos reflexionando y sobre todo ante la mirada que la convertía en sumisa de mi padre, pareció aclimatarse a esa nueva situación.
Se dejó hacer cuando mi padre comenzó a sobarla en nuestra presencia, mientras mi madre y yo hacíamos lo mismo. Perdió pronto el tabú observando con atención las caricias y besos que nos prodigábamos mi madre y yo, aparentando excitarse con ello.
- Que pendejo que eres, tu madre tiene las tetas mucho más grandes que las mías, ¡como disfrutas sobándoselas!
- Ja, ja, ja, ¡si quieres te dejo que se las sobes tú!
Mi padre y yo pudimos asistir a aquel espectáculo sumamente excitante. Mi madre y su nuera acariciándose ambas en ropa interior los pechos hasta llegar a la erección. Se profirieron varias caricias llegando a besarse en los labios tiernamente.
Sin embargo estaban más interesadas en su ración de verga que en otra cosa, y poco después mi padre se encontraba ya cogiendo a Sara a pocos centímetros de nosotros.
Mi mujer alucinó cuando comenzó a escuchar los gemidos de placer de mi madre y observar como efectivamente era yo quien la penetraba.
- Si no lo veo no lo creo, ¡te estás cogiendo a tu madre!
- ¡Y tu a tu suegro, que por edad podría ser tu padre!
Los cuatro cogimos como posesos, intercambiado posturas y mujeres, y unas veces me encontraba penetrando a mi mujer con la verga húmeda con los jugos de mi madre, y poco después la cogía a ella con los fluidos de su nuera. Las muy perras aparentaban estar concursando por ser la primera en lograr que se corriera su pareja, gimiendo y contorsionándose como locas. En unos minutos una vorágine de placer retumbó por las paredes del salón, ya que uno a uno fuimos corriéndonos, fluyendo semen por todos lados sin saber muy bien en qué vagina se había corrido cada uno. Desde entonces nuestra relación no puede ser mejor y disfrutamos del sexo sin ningún tipo de tabú, aunque por supuesto la única forma de comentarlo con alguien es mediante el anonimato que ofrece Internet.