Amor Filial- Parte 3

No vayas a negarlo ahora, una mujer siempre sabe cuando la desean, y sobre todo…
Con la boca abierta tuve que seguir escuchando a mi padre.

- Tu madre al principio se asustó con eso, pero acabó dándole morbo el asunto, sobre todo ante mi insistencia, por supuesto nunca te dijimos nada, porque eras más joven, no sabíamos si se trataba de un simple "juego" y sobre todo…. desconocíamos lo morboso que eres, tanto como…para disfrutar viendo como me cogía a tu mujer.

Hablaba en plural, como si mi madre estuviera al tanto de lo sucedido, cosa que me desconcertó un poco más aún.

- Mamá sabe perfectamente cómo se sentía nuestra nuera, como si fuera una golfa y ha disfrutado mientras le comentaba los "detalles".

Mi padre no cesaba de hablar, aunque de todas formas no hubiera podido responderle, incapaz por completo de articular palabra, boquiabierto ante esa revelación de que mi madre conocía mis "juegos juveniles" con su lencería, y sobre todo la infidelidad de su marido con su propia nuera, y para colmo… no podía desviar la mirada de la pantalla del ordenador donde mi madre se mostraba semidesnuda y con un rostro que nunca hubiera imaginado en ella. Creí que el límite de mi sorpresa estaba más que superado y que ya nada podría causarme más estupor, pero mi padre se encargo de desengañarme.

-Ya somos mayorcitos y podemos hablar sin tabús, nada de lo que pase aquí va a cambiar nuestra relación de padre, madre a hijo, y solo tras comprobar tu reacción en el "incidente del hotel", "hemos" decidido darte la oportunidad para que hagas realidad tus mas inconfesables deseos con tu madre. Absorto no podía creer a sus palabras, y menos cuando usó el término "hemos", que daba entender que mi madre estaba de acuerdo.

- ¿Quieres que la llame?, no está de compras, espera en nuestro habitación tu respuesta.

Totalmente incrédulo, vi a mi padre dirigirse por el pasillo hasta su dormitorio, escuche voces y mi corazón amenazó salirse del pecho ya que efectivamente reconocí la voz de mi madre. Unos minutos después, todavía con el corazón en la garganta, apareció ella en la habitación donde me encontraba prácticamente temblando, en ropa interior y un sujetador que abarcaba con dificultad sus inmensos pechos.

-¡Mamá!, buenas tardes. Tartamudeé tontamente.
- Hola hijo mío, ya me conto tu padre que deseas “vengarte”
- ¿Vengarme?
- Si, él se ha gozado con tu mujer y tú…si lo deseas…. Puedes hacerlo con la suya -Dijo mirando de vez en cuando a mi padre como si de él partieran sus palabras.

Mi más prohibida fantasía estaba a mi alcance, mis ojos no se apartaban del voluptuoso cuerpo de mi madre, la cual aparentaba encontrarse en un inmenso estado de sumisión hacia los deseos de mi padre, es decir, podía verla colorada y avergonzada al límite, al mismo tiempo que la simple mirada de mi padre se tratara para ella de una orden que debía asumir sin ningún tipo de reclamo, incluyendo superar el tabú prohibido se ofrecerse abiertamente a su hijo medio desnuda.

Cualquiera que lea este relato puede creer que mi madre se trata de una mujer "liberal" o fácil, pero todo lo contrario, no recordaba haberla visto nunca ni en ropa interior, vestía siempre de manera más que formal y recatada, por lo que cualquiera de mis fantasías con ella solo se trataban de eso, no albergando la mas mínima esperanza de que se cumpliera realmente la más suave de las mismas. El tabú era inmenso, pero el morbo de aquella situación superó cualquier barrera. Me sorprendí tras bajarme los pantalones de lo sumamente excitado que estaba, no recordaba una erección tan fuerte como aquella, provocando una pequeña expresión de asombro en mi madre, y un pequeño ademán de intentar "huir" de aquella habitación, como si por fin hubiera comprendido lo cerca que estaba de consumar el incesto con su propio hijo, pero de nuevo una simple mirada de mi padre la convirtió en el ser mas sumiso que pudiera imaginarse. Terriblemente excitado me abracé a ella frotando mi erección sobre sus bragas, las mismas que anteriormente me había tenido que contentar con acariciar fantaseando con que habían estado en contacto con su cuerpo. Sentí sus enormes pechos sobre el mío, y acaricié aquel grande trasero que tanto había soñado sobar. Poco a poco, su sumisión comenzó a tornarse en un deseo tan inmenso que ahuyentó de su mente cualquier recelo al tabú de saber a quien estaba entregando su cuerpo, y tras aceptar mis besos en su boca, sentí su lengua fundirse con la mía lascivamente, mientras su cuerpo libre de vergüenzas se restregaba con el mío como una gata en celo.

Sentí su vagina caliente en mi muslo traspasando la suave tela de sus bragas, y comprendí que no habría fuerza en el mundo que pudiera impedir que mi verga entrara allí. Sin dejar de abrazarnos y besarnos, nos las arreglamos para dirigirnos al dormitorio seguidos por mi padre. Nos revolcamos en la cama como animales fuera de sí, furiosamente. Mi padre se encontraba al borde del éxtasis, profiriendo toda clase de frases obscenas.

- ¡Qué bien te lo estas pasando con tu hijo!, ¡menos mal que no querías!, ¿te acuerdas cuantos chicos te he buscado para que te cojan?, ¡dile a tu hijo cuantos de sus amigos han pasado por esta cama y han disfrutado contigo como locos!

Loco de excitación, le pregunte por la veracidad de aquellas obscenidades vertidas por mi padre, y gimiendo de placer me confesó que él se había encargado de buscar chicos de mi edad y "obligarla" a coger con ellos fantaseando conmigo, incluso para hacerlo más creíble terminó buscando amigos míos, que desconociendo aquella fantasía disfrutaron del cuerpo de mi madre sin ningún tipo de vergüenza. No solo estaba sobando a mi madre notando como se me entregaba por completo, sino que aquella confesión sobre sus "aventurillas" sexuales con mis amigos, terminó volverme loco de excitación, ya nada en el mundo hubiera podido impedir mis deseos por penetrarla. Alcé mi torso para ver mejor la cara de mi madre mientras se la metía, comprobando que se derretía de placer a cada centímetro de verga que la penetraba. Sentí miedo de no poder soportar más tiempo sintiendo tanto placer y correrme antes de tiempo pero pude contenerme y cogerla rítmicamente sin dejar de mirar cómo su rostro se transfiguraba en muecas de placer infinito, mientras intentaba besarme al mismo tiempo que sus piernas se abrazaban sobre mis caderas. Para tardar más, cambié de postura y la puse a cuatro patas sobre la cama cogiéndola estilo perrito mientras sobaba sus inmensos pechos.

- Cógeme hijo mío, ¡no pares!, me matas, ahhhhhhh, ¡que aprenda tu padre a cogerme como tú!

0 comentarios:

OurBlogTemplates.com 2008

Blogger Templates by OurBlogTemplates.com 2008