Amor Filial- Parte I
Me llamo Abraham, tengo 25 años y estoy casado, desde dos años, con Sara, una preciosa chica de 23. Esta historia comenzó en un lugar que prefiero no mencionar, cuando decidimos acompañar a mi padre a cerrar un negocio en el sur del país, de paso que realizaba turismo con mi mujer.
El ultimo día antes de regresar a la capital, donde vivíamos y después de que mi padre cerrara un contrato fuimos a beber unas copas al bar de hotel donde nos hospedábamos.
La conversación era muy amena hablamos de muchos temas, nada especial. Lo que comenzó como "unas copas" para celebrar, se alargó, provocando que los efectos del alcohol hicieran mella en los tres de forma considerable, y nuestras carcajadas resonaron por el restaurante de tal forma que decidimos ir a nuestra habitación, y evitar ser el centro de atención de los demás clientes del mismo. Una vez allí continuamos con "la fiesta", y sorprendentemente para mí, los comentarios de mi padre comenzaron a ser algo "picantes", contando chistes rojos, o bromeando sobre que iba a dormir "al lado de su nuera", ante los que mi mujer lejos de inhibirse con esos comentarios, con una seguridad influenciada por el alcohol, no solo los aceptaba sino que los alentaba con frases del tipo, "nunca he dormido con dos hombres, hoy va a ser la primera vez".
Para mí todo aquello era sorprendente, ya que mi padre jamás se había permitido bromear con mi mujer de aquella manera, y ella a su vez siempre se había comportado de la manera más correcta posible, y para mi mayor desconcierto aquella situación estaba empezando a excitarme. En especial cuando descubrí que mi mujer, sentada en la cama, se le había subido un poco el vestido, de tal forma que en algunas posturas mi padre podía verle perfectamente su ropa interior, y éste aprovechaba descaradamente para gozar de aquella vista. Lo peor es que yo, lejos de intentar cortar aquello, disfrutaba cada vez más con la situación, permitiéndome incluso bromear con ellos, diciéndole a mi mujer que de seguir así, mi padre se iba a calentar de tal forma que terminaría masturbándose. Mi mujer solo se reía a carcajadas y mi padre ya ni siquiera intentaba disimular el deseo por su nuera. Es más, Sara sumamente desinhibida y ajena todavía a ese deseo de mi padre, más aun sintiéndose protegida por mi presencia, no tuvo otra ocurrencia que demostrar lo "segura" que se sentía con él quitándose el vestido y quedarse en braguitas y sujetador, "¿Ves Abraham?, con mi suegro estoy tan segura como si estuviera frente a mi propio padre, ¡cómo se va a calentar conmigo!"
A pesar de lo mucho que yo hubiera bebido, sabía perfectamente cuan equivocada estaba mi mujer, ya que mi padre la devoraba con la mirada, dirigiendo los ojos a sus pechos y sobre todo a su tanga.
Yo cada vez más excitado, insistí con ello, y contesté:
- ¿Tan tranquila como si estuvieras frente a tu padre? espero que no estés tan equivocada con él como con tu suegro, ¡no ves que la tiene erecta!
Mi mujer negaba con la cabeza, no daba crédito a mis palabras, y mi padre mas excitado aun, intentó acabar con cualquier tipo de dudas, en especial al darse cuenta que lejos de enfadarme aquella situación me llamaba la atención, se bajó los pantalones mostrando a Sara la enorme erección que amenazaba con escapar de su bóxer. Mi mujer solo abrió los ojos sumamente sorprendida y de nuevo desinhibida por el alcohol terminó carcajeándose abiertamente.
En ese momento mi padre tan excitado como jamás hubiera pensado, decidió "lanzarse" antes de que los efectos del alcohol decayeran en intensidad en ella, y la abrazó de tal forma que sus manos terminaron acariciando su culo, al tiempo que la besaba en la boca.
Mi excitación llego al máximo observando cómo, tras la sorpresa inicial de mi mujer e incluso unos tímidos intentos por su parte para evitar aquel abrazo, mi esposa comenzaba a entregarse abiertamente a su propio suegro. Mi padre sumamente hábil, se las ingenio rápidamente para quitarle la lencería y poder sobarle su tierna y caliente piel, libre ya de cualquier tela por sutil que fuera. Observé cómo los pezones de Sara respondieron a aquellas caricias entrando en erección, al mismo tiempo que sus gemidos se entrelazaban con los de mi padre, que no cesaba de decirle al oído "¡qué buena que estas!, ¡qué suerte tiene mi hijo de poder cogerte cuando quiera!
Mas que tumbarse en la cama, cayeron sobre la misma abrazados y sobándose furtivamente. En mi presencia, se besaron lujuriosamente, mi padre recorrió no solo con las manos, sino ayudándose de la lengua, todo su cuerpo, lamiéndole sobre todo sus erguidos pezones, provocándole verdaderos espasmos de placer al llegar a su húmeda vagina. Pude ver perfectamente como apuntó su erecta verga a esa vagina que hasta ese momento solo había penetrado yo, y como mi mujer se abría de piernas deseando ser penetrada lo antes posible. A cada embestida de la verga de su suegro, mi mujer abría los ojos y soltaba un gemido de placer, mientras mi padre bramaba entre jadeos " ¡que ganas tenia de cogerte, que ganas!, ¡qué vaginita más rica tienes!, y barbaridades por el estilo cada vez mas obscenas.
Yo loco de excitación, me desnudé y comencé a masturbarme añadiendo a los comentarios de mi padre otros más obscenos aún.
- Cariño, ¿no decías que con tu suegro estabas tan tranquila como con tu padre?
Mi mujer apenas podía contestar, limitándose a gritar de placer y a arañar las espaldas de mi padre, el cual la cogía cada vez con más fuerza. Sara no pudo aguantar mucho tiempo tanto placer y se corrió como una golfa con los ojos en blanco, entre espasmos tan fuertes que parecían ser verdaderos calambres. Menos mal que ella tomaba píldoras anticonceptivas, ya que mi padre se corrió poco después inundándole la vagina llenándola de semen blanco y sumamente abundante, que pude ver brotar de su sexo cuando le sacó la verga aun erecta. Aproveché la semiinconsciencia de mi esposa para terminar de masturbarme y lanzarle mi corrida sobre sus pechos, salpicándole algunas gotas sobre su rostro inmensamente relajado y sonriente. Ella quedó profundamente dormida poco después con el mismo rostro angelical de una mujer que no ha roto un solo vaso en su vida.
Mi padre y yo antes de caer dormidos, tuvimos tiempo de platicar, expresándome él, lo muchísimo que había gozado cogiéndose a mi mujer, y que cada vez que cierre un negocio se acordaría de la vagina de su nuera. (Continuara…)
El ultimo día antes de regresar a la capital, donde vivíamos y después de que mi padre cerrara un contrato fuimos a beber unas copas al bar de hotel donde nos hospedábamos.
La conversación era muy amena hablamos de muchos temas, nada especial. Lo que comenzó como "unas copas" para celebrar, se alargó, provocando que los efectos del alcohol hicieran mella en los tres de forma considerable, y nuestras carcajadas resonaron por el restaurante de tal forma que decidimos ir a nuestra habitación, y evitar ser el centro de atención de los demás clientes del mismo. Una vez allí continuamos con "la fiesta", y sorprendentemente para mí, los comentarios de mi padre comenzaron a ser algo "picantes", contando chistes rojos, o bromeando sobre que iba a dormir "al lado de su nuera", ante los que mi mujer lejos de inhibirse con esos comentarios, con una seguridad influenciada por el alcohol, no solo los aceptaba sino que los alentaba con frases del tipo, "nunca he dormido con dos hombres, hoy va a ser la primera vez".
Para mí todo aquello era sorprendente, ya que mi padre jamás se había permitido bromear con mi mujer de aquella manera, y ella a su vez siempre se había comportado de la manera más correcta posible, y para mi mayor desconcierto aquella situación estaba empezando a excitarme. En especial cuando descubrí que mi mujer, sentada en la cama, se le había subido un poco el vestido, de tal forma que en algunas posturas mi padre podía verle perfectamente su ropa interior, y éste aprovechaba descaradamente para gozar de aquella vista. Lo peor es que yo, lejos de intentar cortar aquello, disfrutaba cada vez más con la situación, permitiéndome incluso bromear con ellos, diciéndole a mi mujer que de seguir así, mi padre se iba a calentar de tal forma que terminaría masturbándose. Mi mujer solo se reía a carcajadas y mi padre ya ni siquiera intentaba disimular el deseo por su nuera. Es más, Sara sumamente desinhibida y ajena todavía a ese deseo de mi padre, más aun sintiéndose protegida por mi presencia, no tuvo otra ocurrencia que demostrar lo "segura" que se sentía con él quitándose el vestido y quedarse en braguitas y sujetador, "¿Ves Abraham?, con mi suegro estoy tan segura como si estuviera frente a mi propio padre, ¡cómo se va a calentar conmigo!"
A pesar de lo mucho que yo hubiera bebido, sabía perfectamente cuan equivocada estaba mi mujer, ya que mi padre la devoraba con la mirada, dirigiendo los ojos a sus pechos y sobre todo a su tanga.
Yo cada vez más excitado, insistí con ello, y contesté:
- ¿Tan tranquila como si estuvieras frente a tu padre? espero que no estés tan equivocada con él como con tu suegro, ¡no ves que la tiene erecta!
Mi mujer negaba con la cabeza, no daba crédito a mis palabras, y mi padre mas excitado aun, intentó acabar con cualquier tipo de dudas, en especial al darse cuenta que lejos de enfadarme aquella situación me llamaba la atención, se bajó los pantalones mostrando a Sara la enorme erección que amenazaba con escapar de su bóxer. Mi mujer solo abrió los ojos sumamente sorprendida y de nuevo desinhibida por el alcohol terminó carcajeándose abiertamente.
En ese momento mi padre tan excitado como jamás hubiera pensado, decidió "lanzarse" antes de que los efectos del alcohol decayeran en intensidad en ella, y la abrazó de tal forma que sus manos terminaron acariciando su culo, al tiempo que la besaba en la boca.
Mi excitación llego al máximo observando cómo, tras la sorpresa inicial de mi mujer e incluso unos tímidos intentos por su parte para evitar aquel abrazo, mi esposa comenzaba a entregarse abiertamente a su propio suegro. Mi padre sumamente hábil, se las ingenio rápidamente para quitarle la lencería y poder sobarle su tierna y caliente piel, libre ya de cualquier tela por sutil que fuera. Observé cómo los pezones de Sara respondieron a aquellas caricias entrando en erección, al mismo tiempo que sus gemidos se entrelazaban con los de mi padre, que no cesaba de decirle al oído "¡qué buena que estas!, ¡qué suerte tiene mi hijo de poder cogerte cuando quiera!
Mas que tumbarse en la cama, cayeron sobre la misma abrazados y sobándose furtivamente. En mi presencia, se besaron lujuriosamente, mi padre recorrió no solo con las manos, sino ayudándose de la lengua, todo su cuerpo, lamiéndole sobre todo sus erguidos pezones, provocándole verdaderos espasmos de placer al llegar a su húmeda vagina. Pude ver perfectamente como apuntó su erecta verga a esa vagina que hasta ese momento solo había penetrado yo, y como mi mujer se abría de piernas deseando ser penetrada lo antes posible. A cada embestida de la verga de su suegro, mi mujer abría los ojos y soltaba un gemido de placer, mientras mi padre bramaba entre jadeos " ¡que ganas tenia de cogerte, que ganas!, ¡qué vaginita más rica tienes!, y barbaridades por el estilo cada vez mas obscenas.
Yo loco de excitación, me desnudé y comencé a masturbarme añadiendo a los comentarios de mi padre otros más obscenos aún.
- Cariño, ¿no decías que con tu suegro estabas tan tranquila como con tu padre?
Mi mujer apenas podía contestar, limitándose a gritar de placer y a arañar las espaldas de mi padre, el cual la cogía cada vez con más fuerza. Sara no pudo aguantar mucho tiempo tanto placer y se corrió como una golfa con los ojos en blanco, entre espasmos tan fuertes que parecían ser verdaderos calambres. Menos mal que ella tomaba píldoras anticonceptivas, ya que mi padre se corrió poco después inundándole la vagina llenándola de semen blanco y sumamente abundante, que pude ver brotar de su sexo cuando le sacó la verga aun erecta. Aproveché la semiinconsciencia de mi esposa para terminar de masturbarme y lanzarle mi corrida sobre sus pechos, salpicándole algunas gotas sobre su rostro inmensamente relajado y sonriente. Ella quedó profundamente dormida poco después con el mismo rostro angelical de una mujer que no ha roto un solo vaso en su vida.
Mi padre y yo antes de caer dormidos, tuvimos tiempo de platicar, expresándome él, lo muchísimo que había gozado cogiéndose a mi mujer, y que cada vez que cierre un negocio se acordaría de la vagina de su nuera. (Continuara…)
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