Calzoncitos
Soy un voyeur confeso, les contare lo que paso el ultimo jueves a última hora de la noche. Conduje a una de las muchas calles de prostitutas baratas de mi gris ciudad. Allí son todas drogadictas, por lo que no son muy aconsejables. Siempre me ha gustado pasar y observarlas, en sus ropitas apretadas, incluso si tengo suerte puedo ver a una con algunos meses de embarazo, esa si me calientan hasta más no poder. Parecía que hoy no había ninguna, al final aprecio una, siempre cuando encuentras a una sola te parece la más hermosa de todas. Ese día estaba más caliente de lo normal.
Esta pequeña meretriz era delgadita, morena y con una pinta de drogadicta única, al pasar me gritó que parara, pero continúe hacia adelante, pero al final de la calle decidí girar, fui despacio y cuando estuve a su lado me detuve. Baje la ventanilla y ella dijo:
Hola, ¿quieres coger?
¿Qué me ofreces? – respondí
Por diez soles te hago una mamada, y por 30 cogemos. ¿Te apetece?
Sube y lo conversamos.
En ese momento yo ya no pensaba con mi cabeza sino con mi miembro. Era él quien había pedido entrar a esa chica al coche, a mi me parecía arriesgado, pero mi verga era quien manaba a hora.
¿Entonces te animas? – insistía.
Te doy veinte soles por dejarme tocarte, y otros diez porque me regales tus calzoncitos.
Llevo tanga – me respondió.
No me importa. Lo quiero para mí.
Por diez más te doy mi sostén también
Me quedo la tanga, gracias – le conteste
Conduje mi auto a un lugar apartado, allí le baje los pantalones y mis dedos juguetearon con su tanga, con sus bordes, con sus labios con su vagina calientita. Ella se dejaba hacer todo, no creo que gozara, es mas creo que simplemente no pensaba en nada, de vez en cuando dotaba un gemido pero así como automático. Yo trataba de hacer humedecer su vagina, para poder chupar y oler mis dedos y llevarme el aroma de recuerdo. Una vez chupados mis dedos hice que ella me los chupara también para sentir mi aroma. Me baje la bragueta saque mi verga y le pedí que me la mamara, ella encantada accedió. Lo hacía muy bien, le ponía ganas y mi verga dura lo agradecía. Yo buscaba sus tetas, no eran grandes pero estaban duritas, al final terminamos masturbándonos el uno al otro. Lo que pensé que sería una tontera acabo como un gran momento.
Después le pedí que se bajara del coche, pero ella me pidió que la llevara a donde la recogí, así que la lleve. Una vez bajada del coche se quito la tanga, la beso y me la entrego. Me aleje y volví a mirar mi recuerdo y lo olí y sonreí. Esa será la primer aprenda de una gran colección, eso espero al menos.
Esta pequeña meretriz era delgadita, morena y con una pinta de drogadicta única, al pasar me gritó que parara, pero continúe hacia adelante, pero al final de la calle decidí girar, fui despacio y cuando estuve a su lado me detuve. Baje la ventanilla y ella dijo:
Hola, ¿quieres coger?
¿Qué me ofreces? – respondí
Por diez soles te hago una mamada, y por 30 cogemos. ¿Te apetece?
Sube y lo conversamos.
En ese momento yo ya no pensaba con mi cabeza sino con mi miembro. Era él quien había pedido entrar a esa chica al coche, a mi me parecía arriesgado, pero mi verga era quien manaba a hora.
¿Entonces te animas? – insistía.
Te doy veinte soles por dejarme tocarte, y otros diez porque me regales tus calzoncitos.
Llevo tanga – me respondió.
No me importa. Lo quiero para mí.
Por diez más te doy mi sostén también
Me quedo la tanga, gracias – le conteste
Conduje mi auto a un lugar apartado, allí le baje los pantalones y mis dedos juguetearon con su tanga, con sus bordes, con sus labios con su vagina calientita. Ella se dejaba hacer todo, no creo que gozara, es mas creo que simplemente no pensaba en nada, de vez en cuando dotaba un gemido pero así como automático. Yo trataba de hacer humedecer su vagina, para poder chupar y oler mis dedos y llevarme el aroma de recuerdo. Una vez chupados mis dedos hice que ella me los chupara también para sentir mi aroma. Me baje la bragueta saque mi verga y le pedí que me la mamara, ella encantada accedió. Lo hacía muy bien, le ponía ganas y mi verga dura lo agradecía. Yo buscaba sus tetas, no eran grandes pero estaban duritas, al final terminamos masturbándonos el uno al otro. Lo que pensé que sería una tontera acabo como un gran momento.
Después le pedí que se bajara del coche, pero ella me pidió que la llevara a donde la recogí, así que la lleve. Una vez bajada del coche se quito la tanga, la beso y me la entrego. Me aleje y volví a mirar mi recuerdo y lo olí y sonreí. Esa será la primer aprenda de una gran colección, eso espero al menos.